POR ABUSO SEXUAL GRAVEMENTE ULTRAJANTE POR LA GUARDA
El hecho sucedió en 2018. El fiscal de cámara y la asesora de menores habían pedido una pena de 13 años.
Un hombre llegó por sus propios medios a la Cámara de Sentencia en lo Criminal de Primera Nominación. Ocupó el banquillo de los acusados para responder por el delito de “abuso sexual gravemente ultrajante agravado por la guarda”.
Por tratarse de un delito de instancia privada, la audiencia se desarrolló a puertas cerradas para resguardar a la víctima. La agresión sexual habría ocurrido hace más de cuatro años en el ámbito intrafamiliar.
El Tribunal estuvo integrado por los jueces Mauricio Navarro Foressi, Carlos Moreno y Fernando Esteban. El Ministerio Público Fiscal fue representado por el fiscal Alejandro Dalla Lasta, quien estuvo acompañado por la asesora de menores Daniela Faerman Cano. La defensa fue ejercida por el abogado del foro local Luciano Rojas.
Fuentes consultadas por El Ancasti indicaron que el fiscal de cámara había mantenido la acusación y pidió una pena de 13 años. A su turno, la asesora Faerman Cano adhirió al representante el Ministerio Público Fiscal. En tanto que el defensor solicitó que sea condenado por “abuso sexual simple” y se le aplique la pena mínima.
Oportunamente, la defensa había realizado una serie de planteos. No obstante, el Tribunal no hizo lugar. Una vez abierto el debate, el acusado optó por el silencio y no declaró.
Tras un cuarto intermedio, al mediodía, el Tribunal dio a conocer el veredicto. Por unanimidad, el hombre fue hallado culpable del delito por el que venía incriminado -“abuso sexual gravemente ultrajante agravado por la guarda”- y penado a 10 años de cárcel.
El acusado, que llegó a debate en libertad, mantiene este estado hasta que el fallo quede firme.
Problemática
El abuso sexual en la infancia (ASI) es una de las formas de violencia más extrema que niños, niñas y adolescentes pueden sufrir. No obstante, el dato más importante que advierten los profesionales en esta temática es que en la gran mayoría de los casos se trata de abusos sexuales intrafamiliares. Padre, abuelo, hermano, tío o primo son los principales sospechosos.
El victimario realiza un abuso de poder. A través de diversos mecanismos de manipulación y amenaza, quien abusa genera en la víctima un sentimiento de culpa y vergüenza. Es por ese motivo que quienes lo sufren pueden tardar mucho tiempo, incluso años, hasta que pueden poner en palabras lo que les sucedió.
Al respecto, especialistas en esta temática advierten que la familia “puede ser un territorio favorable” para maltratar y abusar de chicos y chicas. Niños, niñas y adolescentes suelen ser silenciados por sus propios agresores, mediante distintas estrategias.
El agresor sexual –quien en un gran porcentaje suele ser un hombre del círculo familiar o cercano de la víctima- se vale del miedo, la culpa y la manipulación. De esta manera, promueve la impunidad en estos actos de violencia. “Se trata de una órbita de violencia, de la familia como prisión”, se remarcó.
Además de vulnerar a niños, niñas y adolescentes, el ASI rompe a las familias. Por ello, el silencio siempre juega en contra. Los especialistas advierten que, en ocasiones, “el costo de decir puede ser más elevado que el costo de callar”.
“Por lo general, el abuso sexual es mayormente intrafamiliar, por lo cual hay otros intereses creados. A veces lo económico también es un punto donde, metafóricamente, se sacrificaría a ese miembro, supuesta víctima del delito de abuso, para evitar que ese dador económico y supuesto abusador, como podría ser un padre, vaya a la cárcel y, por lo tanto, el resto de la familia se quede sin el sostén económico. Es un ejemplo, no digo que pase en todos los casos”, advirtieron.