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Festivales: de la crítica a la vidriera política

Editorial
La culminación de la Fiesta Nacional e Internacional “El Fuerte de Andalgalá” volvió a dejar de manifiesto el movimiento económico, cultural y turístico que generan estos eventos para el interior profundo del país.

Andalgalá cerró su festival con una convocatoria multitudinaria, incluso a pesar de las inclemencias climáticas. Cuatro noches de espectáculo que activaron comercios, hospedajes, gastronomía y todo un entramado productivo que depende de estas fechas para sostener su economía anual.

Este fenómeno se replica en cada rincón del país. Los festivales movilizan un entramado social y económico que va desde seguridad y vendedores ambulantes hasta transportistas, gastronómicos y artesanos. Su costo y beneficio no siempre se mide con los fríos números de las finanzas actuales.

Sin embargo, durante el último año, estos festivales fueron objeto de críticas sistemáticas desde el gobierno nacional. Se los señaló como “gasto superfluo”. Se cuestionó a las provincias por destinar fondos a estas celebraciones, enumerando con tono acusatorio la cantidad de festivales como sinónimo de despilfarro. “Si vos para vivir del arte necesitás que te subsidie el Estado, vos no vivís del arte, vos sos un empleado público”, dijo el presidente Milei en su encarnizada pelea con la artista pop Lali.

Ahora el Gobierno libertario cambió el rumbo. El propio presidente Milei asistió al Festival de Jesús María, uno de los eventos con mayor apoyo estatal de Córdoba, con aportes provinciales estimados en 500 millones de pesos, además del sponsoreo del Banco Nación y múltiples organismos públicos. Subió al escenario, cantó con el Chaqueño Palavecino y agradeció a los cordobeses por su apoyo electoral.

El cambio no pasó desapercibido. La propia Lali ironizó: “Qué sorpresa. Qué alegría. Larga vida a los festivales populares!”. La pregunta es obvia: ¿Por qué el gobierno cambió de óptica? ¿Se dio cuenta que es una batalla perdida ir contra una tradición popular o comprendió que los festivales son epicentros donde concurre todo tipo de público y puede mostrarse en pedido de acompañamiento?

Lo cierto es que los festivales sobrevivieron a la crítica y ahora fueron tomados por la gestión libertaria. Demostraron ser herramientas de cohesión social y desarrollo económico que ningún gobierno puede desconocer. La diferencia entre demonizarlos y usarlos como vidriera política está a la vista.

Ahora bien, destacar el poder de los festivales no implica mirar para otro lado frente a las irregularidades. Es necesario que exista control administrativo y transparencia. Que se rindan cuentas, que se auditen gastos, que cada peso genere retorno real para las comunidades. Los festivales merecen ser destacados, pero también gestionados con seriedad y profesionalismo.

Los festivales resistieron la embestida discursiva y ahora hasta quienes los criticaban buscan su rédito político. Sería bueno que quedara una lección: antes de descalificar, conviene comprender lo que pasa más allá de las grandes capitales.

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